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Artículo de Luis Zurdo Jimeno

Reflexiones desde el confinamiento. Defensa de la salud estratégica

25.06.2020

Nos tenemos que plantear dar un paso adelante y considerar a la Sanidad no solo como una pata del estado de bienestar sino además como una cuestión estratégica de país. Para ello, es absolutamente necesario avanzar hacia una fiscalidad justa.

¿De dónde venimos?

Desde que Willian Beveridge iniciara en Reino Unido el Sistema Nacional de Salud (NHS por sus siglas en inglés), allá por el año 1948, lo que actualmente conocemos como estado del bienestar (EB); los diferentes Estados europeos fueron incorporando en sus respectivos presupuestos las dotaciones económicas necesarias para sostener, no solamente un sistema de atención universal (o cuasi-universal) de la salud de los ciudadanos, sino también para la educación obligatoria y gratuita y la cobertura de determinados derechos sociales (seguro de paro, pensiones y diferentes tipos de asistencias a personas que las necesitaran). Estos tres conceptos o “patas” son las que sustentan el EB.

Sucede que a raíz de la crisis económica del año 2008 los Estados europeos, presionados por la Comisión Europea, tuvieron que practicar “recortes”.

En dónde habría que recortar, no se decía desde Europa pero……

En España por esas fechas gobernaba el PP y optó por “dar un bocado” al EB. Y dentro de él de manera especial a la Sanidad Pública. Hay que tener en cuenta que entonces el PP tenía como objetivo “potenciar” la sanidad privada (primero lo hizo en Valencia y después en Madrid) y para ello nada mejor que “adelgazar” la Sanidad Pública para convencer, mediante la rebaja de la calidad, a los ciudadanos (que se lo pudieran permitir económicamente) pasarse o al menos compatibilizar con la sanidad privada, ayudando a engordar la sanidad como negocio.

Cabe recordar que la sanidad es una materia cuya competencia que ya estaba cedida a las comunidades autónomas y por lo tanto hay que añadir que el PP no estuvo solo; en Cataluña CiU tomó la iniciativa en los recortes en sanidad y se adelantó a Valencia y Madrid en el apoyo al sector privado para lo cual el recorte en la sanidad pública era indispensable.

Esta política de recortes tenía como uno de sus objetivos el ahorrar costes y producir beneficios. Esto comportaba disminuir efectivos humanos (no reponer la tasa de jubilación) y también los materiales (disminuir las compras y los stocks). Y cuando ha llegado la pandemia nos ha pillado con el “armario vacío”.

Veamos ahora algunos datos internacionales que sustentan lo dicho anteriormente:

Desde 2009 y en los dos años siguientes todos los países europeos redujeron el gasto sanitario (por ejemplo Alemania pasó de un 9.3% del PIB a un 8.9%). Pero a partir de 2011 tanto Alemania como Francia, Bélgica y Reino Unido han ido revirtiendo los recortes e inclusive han superado el porcentaje del PIB que tenían al inicio de la crisis (Alemania dedica ahora un 9.5%).

En este mismo periodo tanto España como Italia han recortado continuamente sin recuperar el descenso. (En España pasamos de del 7% del PIB antes de la crisis a un 6.2% actual).

España tiene el triste honor de formar parte, junto a Grecia, Islandia y Portugal, del grupo depaíses que más han recortado y no han recuperado la caída; según indica Javier Ruiz en su artículo “¿Tiene España el mejor sistema de salud del mundo?”).

Vicente Matas (de la Organización Médica Colegial) evalúa el recorte para el conjunto de la sanidad en 8.636 millones de euros, lo que representa un 12.2% de caída, y añade que en atención primaria el recorte ha sido más duro, llegando al 16.2% ( 1.742 millones de €).

Veamos ahora algunos datos comparativos proporcionados por la OCDE en el informe “Annual Growth In Health Expediture Per Capita”:

Gasto global: Alemania 6.000 €/habitante; Francia: 4.900 €/habitante y España: 3.300 €/habitante

Personal sanitario (médicos + enfermería + auxiliares): Alemania: 71 por cada 1000 habitantes; Francia: 60 y España 30.1

Los datos se agravan si comparamos solo el personal de enfermería: Alemania: 13 enfermeras/os por cada 1000 habitantes. Francia: 11 y España 5.7. Es decir, si bien el número de médicos en España está alineado con otros países europeos, en el caso de la enfermería es muy escaso, manifiestamente deficitario.

Por último veamos otro sector que debería haber sido clave en la respuesta a la pandemia: el del número de camas hospitalarias en UCIs (es decir, dotadas con todo el material necesario): si tomamos la cantidad de camas en España como base 100; en Alemania hay 222, en Francia 122 y en Italia 133.

Podríamos concluir que en nuestro país diez años de recortes han dejado “diezmado” al Sistema.

 

¿Dónde estamos?

En estos momentos en que la pandemia causada por el coronavirus campa desbocada por todo el mundo (y por tanto en Europa y naturalmente en España), en nuestro país nos ha pillado con una sanidad “muy adelgazada”; por ello nos tenemos que plantear dar un paso adelante y considerar a la Sanidad no solo como una pata del EB sino además como una cuestión ESTRATÉGICA DE PAÍS.

El adelgazamiento de la sanidad en España (y en otros países europeos) ha significado una enorme DISMINUCIÓN de medios tanto personales (médicos, enfermeros, auxiliares) como de medios materiales (material de protección elemental y sofisticado, respiradores, camas, UCIs, elementos de detección, laboratorios con capacidad para procesar las pruebas, etc….).

¿Qué supone considerar a la Sanidad como una cuestión ESTRATÉGICA DE PAÍS?

En primer lugar NO DEPENDER de otros países para la INVESTIGACIÓN, FABRICACIÓN, ALMACENAMIENTO y canales de DISTRIBUCIÓN (logística) de todo tipo de material sanitario que sea necesario (imprescindible) para abordar una emergencia como la actual que en un futuro muy probablemente se volverá a repetir, tal y como se recoge en el informe Global Preparedness Monitoring Board (GPMB), editado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial (BM).

En el último Informe anual (año 2019) sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias titulado Un mundo en peligro, alertaba (ver págs. 6 y 15) del peligro de pandemias que podrían matar entre 50 y 80 millones de personas en el mundo y afectar al 5% de la economía mundial.

Más adelante, el informe invita a los países a INVERTIR en la “preparación” ante las emergencias sanitarias y recuerda que en otras ocasiones aparece el pánico cuando el peligro es latente, pero nos olvidamos rápidamente cuando la amenaza remite. Nos aporta el dato de que entre el año 2011 y el 2018 ha habido en el mundo 1.483 epidemias algunas de las cuales se convirtieron en pandemias.

Por último (ver pág. 12) hace una predicción: “Se presagia una nueva era de mayor frecuencia de brotes epidémicos de consecuencias nefastas y propagación muy rápida difíciles de gestionar”.

 

¿A dónde vamos, qué hay que hacer?

Sin duda alguna hay que prepararse ya para afrontar el futuro.

Retomando ahora el concepto antes mencionado de Sanidad Estratégica veamos desde mi punto de vista qué es lo que se podría hacer entre otras muchas cosas.

Sería necesario crear algo como una EMPRESA NACIONAL de SALUD (ENS) que abarque los cuatro elementos señalados anteriormente (I+D, fabricación, almacenamiento y distribución) para asegurar la cuasi-total independencia del mercado internacional. En esta empresa el criterio económico no debería ser prioritario (por ejemplo: es seguro que en China o en India las tan necesarias y demandadas mascarillas serían más baratas que las fabricadas en la ENS, pero no por ello deberíamos depender de la o las empresas exteriores que en los momentos críticos no asegurarían el suministro ni la calidad ni tampoco el precio “barato”, porque de forma instantánea actúa la especulación en el mercado).

Todo lo dicho hasta ahora podría ser enfocado desde Europa ganando en muchos aspectos por el efecto de la economía de escala; pero la urgencia de arrancar con el proyecto impide que los 27 SE PONGAN DE ACUERDO para llevar adelante la idea con dimensión europea.

Quizás más adelante se pudiese crear una empresa gigante (al estilo de AIRBUS o la ESA), que de manera descentralizada por países y con un sistema logístico PERFECTO de distribución, garantizase el suministro necesario a todos los países. Con ello se podría asegurar que Europa estaría en condiciones de hacer frente a la emergencia que pudiese aparecer en cualquiera de los países o en el conjunto de todos ellos como está ocurriendo en la actualidad.

Y puestos a imaginar lo que ahora serian utopías ¿por qué no “escalar” la vía de solución a escala mundial?

La utopía consistiría en situar la creación y gestión de la “Giga-empresa” en el ámbito de la ONU. Ya existe la OMS que actualmente cumple un importante papel pero muy limitado. Claro que lo primero que sería necesario es crear un IMPUESTO a nivel mundial y gestionado por la propia ONU para financiar todas las labores que se concentrarían en esa Giga-empresa: Investigación y Desarrollo; Fabricación y Logística y que garantizase el suministro de todo el material y el personal necesario en cualquier región mundial que sea preciso.

Y acaba de salir una palabra “tótem” que es absolutamente necesaria para abordar cualquier solución al enorme problema que se nos está planteando; sea cual sea el nivel (nacional, europea o mundial) en el que se aborden las acciones a llevar a cabo. La palabra es impuestos, es decir, abordar de una vez la cuestión de una FISCALIDAD JUSTA.

Esta cuestión afectaría fundamentalmente a los políticos, a todos, a los que pretenden elevarlos y a los que pretenden reducirlos (espero que estos se lo replanteen). Pero no solamente a ellos. También a la sociedad. Los ciudadanos tenemos que elevar nuestra conciencia fiscal a la hora de enjuiciar el fraude desde un punto de vista ético, (las encuestas detectan un nivel bajísimo de conciencia fiscal en la población española). En nuestro país las estimaciones que se hacen sobre el fraude, sobre todo tipo de fraude (evasión, elusión, economía sumergida, paraísos fiscales, etc. ) elevan la cifra “no recaudada” en torno a los 60.000 Millones de €. Solamente con la mitad de esta cantidad se podrían hacer muchas, muchísimas cosas.

Finalmente, quiero indicar como una modesta sugerencia que algo de lo reflexionado en el presente trabajo sea considerado en el Libro Blanco prometido por el Jefe de Gobierno en una de sus primeras intervenciones en el Congreso de Diputados. El trabajo que se recoja en este Libro deberá ser imprescindible para la toma de medidas a poner en marcha de cara al futuro, partiendo de un análisis exhaustivo de la situación previa y localizando las responsabilidades y a los responsables.

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